Me estoy volviendo apolítico.
Vientos con polvo, soles de lodo y aguas
vanas por mis
arterias estallan. Soplan e infartan,
libran batallas, pecan
ganándolas; y así el mundo ve la rabia
empantanada en
sus desgracias. Y el ser se pierde
revestido de su estampa
de antihéroe. Desnudo a veces pero
siempre vuelto nata;
pues nunca sabia la razón si no habla
muere, el tiempo
avanza y los tiranos se estremecen.
Pues quien lo acalla poco a poco el
grito siente…
Y el pueblo estalla en uno solo que
revuelve, en pura
angustia acalorada y locas almas. En mil
heridas que lo
hieren al pensarlas, en suerte de Arpa y
de cornetas
de hojalata. Que alocadas por la plebe tocan
un himno
de marras; que lo llama a la batalla y a
ganarla. Y de
repente hasta por los poros hablan; y se
desatan de la
rabia de una nada emancipada en sus
entrañas.
Y el pueblo estalla envuelto en lágrimas
amargas. Y un
tiempo viejo se acaba, hecho palabras
derramadas en
pancartas. Y el pensamiento muralla
termina en fin
derrumbado y envuelto en tela de araña. Y
el país pasa
la pagina pesada de su estancia; y en
las calles todos
gritan democracia, muerte al hambre y a
las balas
temerarias y tiránicas. Y así se acaba
la calma…
Y en las calles todos piden que se vaya;
y se desata el
enjambre que dormitaba…
Y se debaten con ganas entre trampas,
decididas a quitar
lo que estorbaba; y a darle a sus vidas
diaria una razón
de enfrentarlas. A no solo escuchar lo que
hablan cuando
sus jefes los dejen. A no sufrir más por
barbas derrotadas,
a no jugar con la pobreza ni en
palabras, a no juzgar si la
justeza aun nos falta. Y en mil
proclamas las ciudades se
enternecen; llorando muertos de marras
ya renuentes.
Y el ser se pierde en la metralla tumba
casas. En
pensamientos que divagan siempre
inertes. El ser se
pierde las tardes cuando no trabaja en
lo que quiere; y
da a pensar a sus genes dirigentes, pues
necesita que se
llenen para que sigan siendo fértiles. Y
así mismo piensa
hasta cuando duerme, porque nadie vive
dos veces;
porque nadie puede vivir sin unos
dientes que caigan…
Ya yo no entiendo lo oscuro ni el azul
que pinta verde,
me estoy volviendo apolítico y no es
culpa de mi vientre,
ya yo no entiendo lo que dicen los
proclamados políticos;
y me voy quedando en un limbo tenue
donde el hombre
es solo un signo. Y no la verdad que
emprende hasta que
duele, hasta que llegue a comprenderse
por quien debe;
hasta que el sueldo sea digno, del
trabajo que se vierte.
Hasta que la libertad exista en nuestras
vidas; y sin
palabras todo ser se la respete, yo pensaré a
defendermePic. By Ariel Arias.
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