A cielo abierto y mojados…



Vi iluminada a mi estrella en cielo abierto apagado,
las manos sobre sus caderas y sus cabellos a caballo.

La vi por prados mojados desnudada en sus encantos;
y en fino hilo dentando la vi tentar el milagro. La vi
en un juego de manos extasiada sobre un puente, la
vi colgarse sobre un árbol en las profundidades del  
campo; y enviarme un beso largo hasta el jardín de
mis manos, al poniente, como astro en un orgasmo.

¡La madrugada pasada fue como un regalo dado!

Y vi al universo contemplar nuestros pecados, miré
hacia arriba y vi su cuerpo ondulando sus secretos
incurvados. Y al otro lado del puerto, yo en un velero
pescando, me vi en ola enamorando a quien les
hablo. Y navegamos contra el tiempo y las ojeras; y
no besamos, a cielo abierto y sin prendas puestas.

¡Y mojamos el tintero, bajo aguaceros de esperma; y
derretimos las velas, para nuestras estatuas de cera!

Y entre sus piernas en fuego, le di amor del que
pretendo. Y entre sus brazos quiméricos, sentí el
ardor de sus vellos; y por el terreno en cuero, mordí  
sus frutos suculentos y le desperté su Venus.  Cedí  
a sus notas discretas y a su cascabel de serpiente
que enmudece; me dio su menta y vi verde…

Como Eva en el Edén donde las almas florecen,
como hiedra que se tuerce montando un muro sin
caerse, atacada, a los Duendes de mi mente. Y
sudando el buen retozo, como poros que se inspiran
si los hierven. Y canté a capela un yo te amo muchas
veces; como un bardo, que toca una guitarra imberbe.

Se encendió, se iluminó, se vio debajo; saltó al
desearlo y se colgó de un balcón alto. Gimió  
temblando y se estrelló en sus arrebatos, se miró
toda, se gustó y se dio dos palmos; se sintió oronda
y bebió un trago disfrutándolo. Me dio sus labios,
sus dulces labios rosados; y la besé sin pensarlo.

Sintió mis labios, mis suaves labios mulatos; y vi
sus años, a cielo abierto y mojándonos. Se incendió,
se fulminó, sentí un bombazo; y respiró y se relajó  
para inundarnos. Y me robó un beso largo como
tintero de poemario; y desprendida como astro
en un orgasmo, volvió a cantarme un yo te amo…

Miró al reloj, me dijo adiós, se volvió triangulo y
se escapó de mis manos; y hoy aun sigo mojado
por la gracia de sus labios mágicos. Su fino cuerpo
de nardo recuerdo estarlo mirando entre las nubes
de su cielo ingrávido, abierto a versos regalos;  
sobre las cumbres de un monte orgásmico. 

Picture by Ariel Arias. 
Web du photografe: http://500px.com/ariasphotos 

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