¡A ella misma…!
A ella, a ella que en noches de estrellas se ilumina
en luna llena. A ella que tiene de perla, de sol, de
agua y de arena. A ella misma si le llegan, quiero
dedicarle estas letras. Y a su belleza quimérica.
¡Que lo sepa, que la describiré completa!
A ella, Diosa ardiente de las Góndolas, a ella que
navega oronda por horizontes sin olas donde la
tranquilidad desborda. A ella misma y a su obra
llena de piezas de alcoba. Y a su rosa primorosa.
A su cabellera hermosa y a los labios de su boca,
a su piel en terciopelo. A su cuerpo de modelo que
me entrega a corazón abierto. A su rostro fino
ensueño a mil deseos. Y a los poros de sus vellos.
A ella…
Y a su pecho de pistolas abriendo fuego por
senderos polvorientos donde el tiempo le
perdieron. A sus amores sin frenos y a los que olvido
pidieron. Y a las tristezas que causaron los lamentos.
Y a sus destellos sonriendo en huecos negros, en
cielos célicos; cálidos, gélidos y sin remordimientos.
¡A ella misma pues no hay otra como cuento!
¡A ella!
Tierna dulzura sin tormentos, resplandor y ardor
frenético que me sofoca los nervios. A ella que tiene
de bueno todo lo que le trajeron los Genios; y a las
niñas de sus ojos que me juego ahora escribiendo.
A los besos por el cuello de estos versos, al
presagio que le advierto verá hecho. A la realidad
de sus sueños y a sus desnudos de lejos, frente
al espejo y gimiendo. Y a la magia del momento.
A ella divino tributo que me inspira. A ella, flor de
loto y maravilla que entre mis dedo ve vida. Y a la
espada de la Santa Inmaculada de las Ninfas con
su olor a fresas frescas; a miel de abeja y resinas.
Que lo sepa bella hembra, que la he descrito
completa en su poema. Que lo lea y que se vea
en toda escena, que me siga si me piensa y que
me diga que ella me desea entre sus piernas.
¡A ella misma…!
Pues no hay otras que me inspiren tanta jerga,
ya mil veces la he pintado en otros cuadros con
las palabras que lleva. Ya mil veces la he besado por
el cuello en el cuento aventurero de algún sueño.
Ya mil veces me ha inspirado a darle tanto, pero
en este la describo como estrella , se lo lego y lo
dedico a su leyenda. A la fuente bendecida de su
encanto; y a la tierra que su luna merodea.
Y a las prosas que su Musa me ha inspirado, a sus
desnudos y vuelos por mi tintero rogando, a la
suerte que me he dado. Ya que nunca la copiaron
con las manos, ya que nunca la pensaron dibujando.
Porque nunca le exploraron en sus años.
¡A ella; a ella misma como acabo recordando!
en luna llena. A ella que tiene de perla, de sol, de
agua y de arena. A ella misma si le llegan, quiero
dedicarle estas letras. Y a su belleza quimérica.
¡Que lo sepa, que la describiré completa!
A ella, Diosa ardiente de las Góndolas, a ella que
navega oronda por horizontes sin olas donde la
tranquilidad desborda. A ella misma y a su obra
llena de piezas de alcoba. Y a su rosa primorosa.
A su cabellera hermosa y a los labios de su boca,
a su piel en terciopelo. A su cuerpo de modelo que
me entrega a corazón abierto. A su rostro fino
ensueño a mil deseos. Y a los poros de sus vellos.
A ella…
Y a su pecho de pistolas abriendo fuego por
senderos polvorientos donde el tiempo le
perdieron. A sus amores sin frenos y a los que olvido
pidieron. Y a las tristezas que causaron los lamentos.
Y a sus destellos sonriendo en huecos negros, en
cielos célicos; cálidos, gélidos y sin remordimientos.
¡A ella misma pues no hay otra como cuento!
¡A ella!
Tierna dulzura sin tormentos, resplandor y ardor
frenético que me sofoca los nervios. A ella que tiene
de bueno todo lo que le trajeron los Genios; y a las
niñas de sus ojos que me juego ahora escribiendo.
A los besos por el cuello de estos versos, al
presagio que le advierto verá hecho. A la realidad
de sus sueños y a sus desnudos de lejos, frente
al espejo y gimiendo. Y a la magia del momento.
A ella divino tributo que me inspira. A ella, flor de
loto y maravilla que entre mis dedo ve vida. Y a la
espada de la Santa Inmaculada de las Ninfas con
su olor a fresas frescas; a miel de abeja y resinas.
Que lo sepa bella hembra, que la he descrito
completa en su poema. Que lo lea y que se vea
en toda escena, que me siga si me piensa y que
me diga que ella me desea entre sus piernas.
¡A ella misma…!
Pues no hay otras que me inspiren tanta jerga,
ya mil veces la he pintado en otros cuadros con
las palabras que lleva. Ya mil veces la he besado por
el cuello en el cuento aventurero de algún sueño.
Ya mil veces me ha inspirado a darle tanto, pero
en este la describo como estrella , se lo lego y lo
dedico a su leyenda. A la fuente bendecida de su
encanto; y a la tierra que su luna merodea.
Y a las prosas que su Musa me ha inspirado, a sus
desnudos y vuelos por mi tintero rogando, a la
suerte que me he dado. Ya que nunca la copiaron
con las manos, ya que nunca la pensaron dibujando.
Porque nunca le exploraron en sus años.
¡A ella; a ella misma como acabo recordando!
Picture by Yamilka Noa.
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