Almas, despedidas, lagrimas: Bares, balcones, Aeropuertos.

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Se levantó de la cama donde esperaba el momento, dio
dos saltos, miró al cielo; vistió velo y cuello suelto, tan
sobria como un verso ecléctico que se enreda por el
suelo y se hace cuento. Pues para más no había tiempo,
ella en silencio lloraba, sus tormentos de amor ciego…
 
Ella lloraba en silencio, amargada en sus entrañas
comitragicas; y se le veía destrozadas y sin consuelo.
 
Pero tuvo una llamada, que la sacó de su encierro en
Sufrimiento, de sus adentros muriendo en el destierro
por allá por Diván Pérfido; que burdo lugar que cuento. Yo
solo vi que lloraba sin remedio, mientras yo el cuento
observaba. Sentado del lado opuesto, de sus sueños.
 
¡Con espejuelos de aumento y pensamientos con
sabia mágica lograda; llenos del amor que siento!
 
Se puso sandalias, pañuelo; y corrió al balcón de su
casa. Se fue a mirar por la ventana que queda del  
costado de la plaza. Donde me bebí unas cañas,
contando canas pasadas; y otras que el viento no
cambia, porque no las olvidamos ni cortándolas.
 
A la ventana, a puro nervios se fue ella. Al balcón
donde en aviones se recuerda, los ve volando y
presagia que alguien llega. Se fue a su espacio en
escena, al rincón de sus leyendas palaciegas; que
está del lado bohemio, por donde las luces juegan.  
 
Y las velas queman ebrias, cuando unos besos reflejan
sus labios sobre las melodiosas cuerdas de la plaza.
 
Esta vez del aeropuerto un hombre llega, su muerto
corazón lleno de celos, el mosquetero malévolo que le
ha marchitado el sueño. El amante que a su pueblo
viene a verla si le place, el mismo chulo que la llama  
cuando sabe; que el sol trae olor a sangre…  
 
Y que puede perderla en un delis por sus escapes.
 
¡La vi de lejos; y a él llegando en el taxi que lo trajo!
 
Los vi sonriendo, los dos perplejos, los vi en un
verso; y hoy los recuerdo fotogénicos. Lo vi corriendo,
violín al pecho por la plaza hacía el balcón, de frente al
ático. La vi colmando en la ventana de sus mitos, de
esclava usada, de rol y sabanas mojadas pero acidas.
 
La vi pararse allá arriba con la mano en sus entrañas;
y gritar basta, desde el fondo de su alma desgastada.
 
Te quiero cielo estrellado, con tus cometas y encantos,
te sueño amor recordando, los momentos del pasado;
pero me quedo extrañándote, pues nunca estás a mi
lado. Y lloro tanto pensándote, que cuando te veo llegando,
el dolor ya me ha pasado y me distraen tus cantos.
 
Y entre tus brazos me atraes, a tu colmena de zángano
agotado. ¿Pero qué esperas que pase, si nunca estás a
mi lado? ¡No esperarás que te extrañe, si tú no te has
reportado por mis lares! No esperarás que yo cambie;   
para a cambio seguir jugando, con mis años y mis plazos…
 
Mira atrás a la terraza, que ya me espera un Don Nadie,
el me trae de fiestas y me place, pues yo soy su nueva
imagen. Yo soy su musa y su arte; yo soy las frases
que escapen, después de un llanto salvaje. Y ahora soy
fiel aspirante; a un día a día de clases, inspirándole.
 
Y tiró su velo al cuello y caminó como el Ángel de los
Truenos y el Despecho, vino desnuda y a darse en un
poemas de besos gélidos. Vino descalza y en fuego a los
brazos de su amante nuevo. Un jovenzuelo discreto,
que la esperaba flamante sentado donde yo observo.
 
Bebiendo un trago a su clase, en el mismo bar del
centro; donde me voy cuando partes a otros predios.
 
 
Picture by Ariel Arias

Web du photografe: http://500px.com/ariasphotos


  

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