Así son ellos, tortolos bohemios.
En la escalera, le di besos e ilusión a boca abierta, en la
escalera, mis manos tensas de sudor tocaron puertas,
su piel en venas. En la escalera la razón tentó a la
espera y la sinrazón le soltó piernas. Le quitó medias,
faldas, botas y camisas; que cayeron sobre una sala llena.
Que abajo ardía…
Mi amor su amor, los dos fundidos como velas, sobre
barandas y peldaños de madera, de esta escalera. Se oyó
un susurro embelesado en el silencio, nuestros dos
cuerpos que rodaban por el suelo; pues nos caímos y
continuamos creyendo, que caía el cielo…
Y que era nuestro.
La melodía fue entonada a pecho abierto, como un
bolero, una balada, un verso viejo. Solo dos tortolos
zureando amor eterno, alzando el vuelo y arrullando
a quienes vieron. Y en la escalera se posaron hechos
verbos, prosas viajeras y amuletos para incrédulos…
Los que no fueron se perdieron el concierto, los que
nos vieron se quedaron boquiabiertos, el piso entero
ardió en deseos de tenernos; y en solo quiero quedó
el madero hecho leño. Y la escalera llevo al séptimo el
ensueño; subió al balcón, lanzó un pregón y gritó fuego.
Y en rojo trueno se abrió el cielo envuelto en besos. Y
un verso nuevo en blanco y negro quedo escrito, en la
escalera de estos hechos que les cuento; que soplé al
viento a sus oídos. Que llegan secos porque antes se
han bebido, un pozo entero y de la luna un hueco negro.
Me sumergió, se desvistió volvió corriendo. Me dijo
adiós, volvió otra vez, se fue gimiendo. Vine a sus pies
y regresé a labios llenos, perdí el cerebro y la alejé al
volver a vernos. Sus labios tiernos de embeleso en
rojo fuego y blanco gélido, me vi lamiendo…
¡Volando al séptimo y volviendo en paralelo!
Y la escalera enmudeció al beber mi cuerpo, el mismo
en fuego, casi frenético. Su adicta Ninfa me sirvió un
trago con besos, la alce de nuevo y caímos en el suelo
como cuento. Los que nos vieron susurraron sin
remedio: Así son ellos, tortolos bohemios.
Que en la escalera se posaron hechos verbos, prosas
viajeras y amuletos para incrédulos; que aun en el
suelo creían que seguía cayendo, el cielo nuestro. Y
un verso nuevo en blanco y negro quedo escrito; el
sueño nuevo que a lo eterno ahora he cedido.
Así son ellos, tortolos bohemios; yo lo declaro aquí
sentado en la escalera de este cuento que hoy les lego.
¡Así son ellos, tortolos bohemios!
escalera, mis manos tensas de sudor tocaron puertas,
su piel en venas. En la escalera la razón tentó a la
espera y la sinrazón le soltó piernas. Le quitó medias,
faldas, botas y camisas; que cayeron sobre una sala llena.
Que abajo ardía…
Mi amor su amor, los dos fundidos como velas, sobre
barandas y peldaños de madera, de esta escalera. Se oyó
un susurro embelesado en el silencio, nuestros dos
cuerpos que rodaban por el suelo; pues nos caímos y
continuamos creyendo, que caía el cielo…
Y que era nuestro.
La melodía fue entonada a pecho abierto, como un
bolero, una balada, un verso viejo. Solo dos tortolos
zureando amor eterno, alzando el vuelo y arrullando
a quienes vieron. Y en la escalera se posaron hechos
verbos, prosas viajeras y amuletos para incrédulos…
Los que no fueron se perdieron el concierto, los que
nos vieron se quedaron boquiabiertos, el piso entero
ardió en deseos de tenernos; y en solo quiero quedó
el madero hecho leño. Y la escalera llevo al séptimo el
ensueño; subió al balcón, lanzó un pregón y gritó fuego.
Y en rojo trueno se abrió el cielo envuelto en besos. Y
un verso nuevo en blanco y negro quedo escrito, en la
escalera de estos hechos que les cuento; que soplé al
viento a sus oídos. Que llegan secos porque antes se
han bebido, un pozo entero y de la luna un hueco negro.
Me sumergió, se desvistió volvió corriendo. Me dijo
adiós, volvió otra vez, se fue gimiendo. Vine a sus pies
y regresé a labios llenos, perdí el cerebro y la alejé al
volver a vernos. Sus labios tiernos de embeleso en
rojo fuego y blanco gélido, me vi lamiendo…
¡Volando al séptimo y volviendo en paralelo!
Y la escalera enmudeció al beber mi cuerpo, el mismo
en fuego, casi frenético. Su adicta Ninfa me sirvió un
trago con besos, la alce de nuevo y caímos en el suelo
como cuento. Los que nos vieron susurraron sin
remedio: Así son ellos, tortolos bohemios.
Que en la escalera se posaron hechos verbos, prosas
viajeras y amuletos para incrédulos; que aun en el
suelo creían que seguía cayendo, el cielo nuestro. Y
un verso nuevo en blanco y negro quedo escrito; el
sueño nuevo que a lo eterno ahora he cedido.
Así son ellos, tortolos bohemios; yo lo declaro aquí
sentado en la escalera de este cuento que hoy les lego.
¡Así son ellos, tortolos bohemios!
Picture. Diana K Kuoy & Julien Mutter by Ariel Arias.
Web du photografe: http://500px.com/ariasphotos
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