Con estas mismas palabras le dije un día a mi vida que la amaría aunque no fuera ella, que vestida la vería dibujada en cosa bella, y desvestida su estrella entre mis dedos bailaría como una rosa sin ansias; como hojas blancas y sabia, como silbidos y risas.
Con estas mismas letras vivas le encendí un día una vela a la Virgen de las Ninfas, y entre cantares y rimas ella me alegró la pluma, dejándome sus sonrisas sobre páginas calcadas; que describen su cara de hada extasiada como la de una rosa niña que en el edén hace fiestas.
Que en avenidas encendidas me ha devuelto la esperanza de regresar algún día. Esas esperanzas sanas que atraen mañanas en aguas, que nos despiertan las ganas revolcados por la cama; dándole gracias al alba, para que sepa que es ella la que mis prosas inspira…
Y mis letras hacen fragua por las esquinas perdidas por donde su recuerdo anda; y se pega como tinta vertida sobre hojas blancas que ella en musa me regala.
De esas palabras amadas que de bellezas se embarran cuando unos ojos las miran. Que desde unos labios saltan para llenar las miradas y desvivir las sonrisas, cuando la suerte esté echada. Y en pensar de mil delicias mis dedos escriben versos que la describen bien viva…
Despeinada entre mis barbas e ilusionada en caricias, con ganas de desayunar al alba y de almorzar al medio día. De cenar entre cortinas cuando en la noche se invite, a bailar enamorada entre champanes y flautas; y entre velas endiabladas y una música divina, se escuchen gritos del alma…
Y el alba llegue encendida a alumbrar toda la sala. Y entre violines se ensaya la melodía de la vida, que entona la sala entera cuando ella con mis letras baila, alegre como lo pedía. Repitiéndole a mí vida que no pierda la esperanza de escribir verso del alma, dedicados a ella misma…
Y a los días que le quedan para que llegue la calma, y el amor vuelva a ser de ella; con estas mismas palabras, hoy se termina esta rima.
Picture by Karel Salazar.
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