El entierro del miedo.
Lo vi cavándose un hueco tan hondo como su
cuerpo en el cual enterrar sus huesos, lo vi
vestido de negro e intentado no ir más lejos.
Otro día lo vi ciego, perdido en el, descontento.
Blanco con perpuntes negros, amarillo,
maloliente y lleno de desasosiegos, pero aun
cuerdo. Y luego lo vi y ya estaba amnésico y sus
pasos andaban lentos por el cielo; y no se acordó
de mi ni diciéndoselo, cuando del suelo lo recogí
medio muerto ya sin remedios y sin peso…
Esquelético y enfermo, triste, cósmico y alérgico.
Lo vi morir y fui a su entierro como todo amigo
bueno, lo vi morir como un triste perro pordiosero
callejero y hambriento. Lo vi morir solitario y sin
dinero para médicos. Lo vi morir, lo recuerdo pues
se llevó sus complejos al infierno; qué bien me
hiso y lo siento en mis adentros…
No conoció otro momento ni otros cuentos. Por
lo menos eso pienso cuando escribo las memorias
de sus miedos. Ya no creo que se haga el necio en
el infierno. Porque con el diablo no hay juegos, o
te pliegas o te quemo, dicen que grita el día entero
a sus sujetos; y los cepos con fuego ya están llenos.
Que absurdidad la que cuento, no veo por qué
hablar del miedo, sobre todo si está muerto. No
veo el por qué de estos versos, si en realidad ya no
tengo. Me he referido a un pretérito que hace
tiempo vivió lejos en los confines de mis malos
sueños; de intelecto en tiempo muerto…
¡De confusión y mareos…!
Un pasado que aun recuerdo cuando intento ser
sincero con el yo mismo que en presente está
escribiendo. Ya nadie me mete miedo y cuando lo
hace lo siento, le explico el por qué del cuento y
lo invito a no intentar hacerlo; y luego los veo
sacar pañuelos, pues la paz vive en mis versos.
Y concluyo con dos besos, la mano entera y el
cuerpo embelesados leyendo el buen consejo.
El miedo escénico es violento y verdaderamente
lamentable, pero así son los males del destierro
forzado a cuatro vientos, el espíritu colérico
sustituye al intelecto que tenemos; y terminamos
padeciendo desconsuelo, pues no cura ni
sufriéndolo con tiempo y hasta en sueños…
¡Cualquier tipo de represión de los complejos
mata pueblos; pero al enterrarlos los vencemos!
cuerpo en el cual enterrar sus huesos, lo vi
vestido de negro e intentado no ir más lejos.
Otro día lo vi ciego, perdido en el, descontento.
Blanco con perpuntes negros, amarillo,
maloliente y lleno de desasosiegos, pero aun
cuerdo. Y luego lo vi y ya estaba amnésico y sus
pasos andaban lentos por el cielo; y no se acordó
de mi ni diciéndoselo, cuando del suelo lo recogí
medio muerto ya sin remedios y sin peso…
Esquelético y enfermo, triste, cósmico y alérgico.
Lo vi morir y fui a su entierro como todo amigo
bueno, lo vi morir como un triste perro pordiosero
callejero y hambriento. Lo vi morir solitario y sin
dinero para médicos. Lo vi morir, lo recuerdo pues
se llevó sus complejos al infierno; qué bien me
hiso y lo siento en mis adentros…
No conoció otro momento ni otros cuentos. Por
lo menos eso pienso cuando escribo las memorias
de sus miedos. Ya no creo que se haga el necio en
el infierno. Porque con el diablo no hay juegos, o
te pliegas o te quemo, dicen que grita el día entero
a sus sujetos; y los cepos con fuego ya están llenos.
Que absurdidad la que cuento, no veo por qué
hablar del miedo, sobre todo si está muerto. No
veo el por qué de estos versos, si en realidad ya no
tengo. Me he referido a un pretérito que hace
tiempo vivió lejos en los confines de mis malos
sueños; de intelecto en tiempo muerto…
¡De confusión y mareos…!
Un pasado que aun recuerdo cuando intento ser
sincero con el yo mismo que en presente está
escribiendo. Ya nadie me mete miedo y cuando lo
hace lo siento, le explico el por qué del cuento y
lo invito a no intentar hacerlo; y luego los veo
sacar pañuelos, pues la paz vive en mis versos.
Y concluyo con dos besos, la mano entera y el
cuerpo embelesados leyendo el buen consejo.
El miedo escénico es violento y verdaderamente
lamentable, pero así son los males del destierro
forzado a cuatro vientos, el espíritu colérico
sustituye al intelecto que tenemos; y terminamos
padeciendo desconsuelo, pues no cura ni
sufriéndolo con tiempo y hasta en sueños…
¡Cualquier tipo de represión de los complejos
mata pueblos; pero al enterrarlos los vencemos!
Picture by Ariel Arias.
Web du photografe: http://500px.com/ariasphotos
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