En la selva de las Damas Ávidas.



Que recio viento tan trémolo que por la cara me atrapa,
de un sueño osado se trata la historia de este cuento
nuevo. De lo vivido en infiernos quiero hablar en esta
trama, de lo fingido viviendo en el abismo de mis ganas,
a media luz, con coraza; por la selva de las Damas Ávidas.

Y de los planes más gélidos que de aventuras oyeron; de
ellos quiero hablar en estos versos, a puro dedo y cerebro.

Que similitud de ejemplos los que podría contarles. Que
corolas vivo alarde llenas de flores que tiemblan. Que
diestra y siniestra tan tiernas, que por el centro menean
y por arriba se acuestan. Mientras que abajo las piernas
gimen de cuello y caderas; llenas de cera que enferma.

Que pecados pertinentes, pescadores insistentes no hay
mar que no adopte medusas. La persistencia perdura y
por eso se endurece. Quien se asegure la mente tendrá  
de cuarto creciente, de luna llena y diamante. Y a quien se
distraiga al menguante, le pagarán lo que vale su quilate.

Y quien se pierde entre brumas bajo blusas y calumnias,
disfruta de una lluvia muda con notas llenas de música,
pero luego se tortura pensando a un lobo que aúlla en
la eternidad de sus alturas. Y se le duermen los tiempos,
sobre una roca desnuda; llena de fango y de turba…

Yo me restriego las dudas y luego las despliego en la
jungla para que unidas se cumplan. Y me absorbo de
penumbras cuando me creen juguete, también digo que
la especie quiere decir carne y turba. Pues me incinero
en la chusma y doy calor a los vientres que ven semen.

Y siempre que el mío lo quiera porque las ganas me
tienten, mis poemas serán ejes de mil historias recientes;
no de las mías, las de otros seres vivientes que no
saben escribir poesía, pero que sueños si tienen. Y las
de quien sabe quererse, porque sabe que lo quieren.

En la selva de la Damas ávidas yo he vivido como un
duende; y la experiencia que tienen me ha servido tantas
veces firmando planes frecuentes. Quien conozca a las
mujeres tendrá de mito viviente, tendrá de azul delirio; 
y de libro abierto a veces, por capítulos ardientes…

Las demás veces se lee, cuando esperan que las besen;
y en hojas secan ojeras, cuando les muestro que sienten.

En la selva de las Damas ávidas me han coronado de
Héroe. De Don Quijote y de Reyes que por el desierto  
reverdecen, con sus batas mangas largas tejidas en seda
ecuestre. Las he gozado a mis anchas, a mi larga y a mi
fuerte, las he besado sediento; y las he amado en bufetes.

En la selva de las Damas ávidas envuelto en llamas vi verde;
y luego decidí entenderme, para entender las mujeres.

Picture by Ariel Arias.
Web du photografe: http://500px.com/ariasphotos 


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