¡Hasta que grite que me ama…!




Las curvas de su cuerpo en vela se han dormido sobre sabanas,
la tela negra la abraza y la almohada siente la gracia contra su
cara acostada. La piel, las medias, la blusa y los cabellos sobre su
cara arman un ras que desnuda. Y su ojos de lechuza que no se
cierran ni en casa, me han despertado lujurias y algunos versos
del alma; y ahora deseo calcarla, ligera como una pluma…
Ahora sueño con inmortalizarla como en una foto hablada que
con mis letras se calla. Para admirarla en su cama mientras ella
duerme placida, para levantarla amada y darle besos con magia
que lleguen hasta sus entrañas. Para tocarla con calma sin que
ella me diga nada, o me lo pidan sus ganas; y entre sus senos
mimarla y sobre ellos amarla, hasta que deje la cama.
Gritándome que me ama…
Hasta que en un sueño parta y seamos dos por la playa llenos
de arena y de algas. Yo sobre ella, estirado; y ella bajo mi cuerpo
elástica e incurvada y como el agua. Hasta que su boca ancha
me pida a besos besarla y yo la bese con ganas. Hasta que el sol
caliente el alba y la luna parta alocada después de una noche
mágica; y hasta que vuelva a su cama, toda llena de esperanzas.
Y yo descalzo me valla con mi prosa bajo el ala sin despedirme
ni nada. Y la deje allí entre sabanas, descansando en su morada;
soñando con mis palabras que la describen amada. Y algún día
vuelva con su estatua hecha de plata en palabras y de frases
delicadas, a recitarle unas cuantas y otras tantas a dejarlas
besadas sobre su cara; para quemarla en su almohada…
¡Para extasiarla de gracia; escuchándola gritar que me ama!
Para que parta a mi playa y en una orilla empolvarla y llenarla
de esperanzas. Para tirarme de espaldas y bajo ella esperar que
fluya la madrugada. Ella sobre mi sentada llena de arena y de
algas; y yo bajo ella incitándola a que me bese a sus anchas, hasta
que vuele y se vaya. Hasta que venga tentada y que yo parta
a buscarla y la traiga ensimismada; hasta grite que me ama.
Hasta que de sus sueños salga y la realidad sea exacta; y siga
gritando que me ama mientras yo describo su estatua. Hasta
que la termine sudada, vellos en piel erizada y amándome
como el sol al alba después de una madrugada orgásmica. Bajo
sus sabanas blancas gritándome que me ama, yo sobre ella
alocada y ella tirada de espalda a la inversa de la playa.
¡Pero siempre gritando que me ama, para que la realidad sea
exacta!

Pic. 1- Valerie Badet by Jérôme retru. Pic. 2- Google Picture. 

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