Lágrimas muertas.
Seco el lagrimal, muerta la lágrima; y el rio sin aguas se
derrama en la profundidad de sus entrañas. Se deja caer,
se embarra, se pega a un chorro de magma. Y se vierte
sobre rocas que resbalan; y luego quebrantadas sanan.
Seco el lagrimal, suelta la lagrima atada. El cataclismo
presagian los sentimientos que extraña arrebatada, pues
no la quieren y basta. Pues querer es ver mañanas; y no
sabanas mojadas blancas, que ni el café ya las mancha.
Seco el lagrimal, gélida la lagrima cándida que disipa la
esperanza. Las energías acaban ya que aunque quiera no
hay tantas. Cuenta una historia barata y se refugia en la
estampa que nos narra; seco el lagrimal y el ojo en cama.
Muerto se siente y es cierto pues lo veo, se dice que no
tiene suerte y yo confirmo lo expuesto. Que en verdad
nadie lo quiere y que solo es un espectro, que ni reflejos
ya tiene y de sus dedos ni hablemos; pues no puedo…
Pues yo no acepto lamentos, ni gritos por momentos
tensos; ya que no soy un pañuelo, que seca lagrimales
necios. Tampoco soy su señuelo para casarme en un
premio en honor porque me oyeron; soñar despierto.
Quien tenga miedo que se compre un perro. Así le dije
al sujeto de este cuento luego de calmarle los nervios,
de qué sirve llorar senos si entre las piernas no hay sesos;
de que te sirvió el misterio, si al final te descubrieron.
Seco el lagrimal, recia la lágrima que desvestida se
escapa y dice basta. Se ve perdida por la sala de su casa,
sin luz ni danzas. Aventurando por senderos donde falta el
Sol al alba; y la hierba se rocía de escarcha de madrugadas.
De fuego azul, de metralla, de cenizas grises cárnicas; y
de olas de pentagramas, tristes y olvidados bajo faldas.
Al fin se lava la cara, retrocede, cuenta, avanza. Se atrasa
un rato en un puente y llega hasta Cuatro Estancias, a
Cementerio Mujeres, donde se entierran las ganas ávidas. El
lugar donde las pieles ornan sus viejos adagios bajo lapidas.
¡Descanse en paz si es que quiere, Señora Lágrima Amarga;
así reza el tronco de un árbol espinado como cactus de sabana!
Diseque el llanto en su vientre donde no puedan llorarlo,
dígase que el sueño es largo cuando la realidad se enciende
entre otros brazos. Seco el lagrimal, loca la lágrima ausente;
ojos cansados de verse, clamor y magia que enmudecen.
derrama en la profundidad de sus entrañas. Se deja caer,
se embarra, se pega a un chorro de magma. Y se vierte
sobre rocas que resbalan; y luego quebrantadas sanan.
Seco el lagrimal, suelta la lagrima atada. El cataclismo
presagian los sentimientos que extraña arrebatada, pues
no la quieren y basta. Pues querer es ver mañanas; y no
sabanas mojadas blancas, que ni el café ya las mancha.
Seco el lagrimal, gélida la lagrima cándida que disipa la
esperanza. Las energías acaban ya que aunque quiera no
hay tantas. Cuenta una historia barata y se refugia en la
estampa que nos narra; seco el lagrimal y el ojo en cama.
Muerto se siente y es cierto pues lo veo, se dice que no
tiene suerte y yo confirmo lo expuesto. Que en verdad
nadie lo quiere y que solo es un espectro, que ni reflejos
ya tiene y de sus dedos ni hablemos; pues no puedo…
Pues yo no acepto lamentos, ni gritos por momentos
tensos; ya que no soy un pañuelo, que seca lagrimales
necios. Tampoco soy su señuelo para casarme en un
premio en honor porque me oyeron; soñar despierto.
Quien tenga miedo que se compre un perro. Así le dije
al sujeto de este cuento luego de calmarle los nervios,
de qué sirve llorar senos si entre las piernas no hay sesos;
de que te sirvió el misterio, si al final te descubrieron.
Seco el lagrimal, recia la lágrima que desvestida se
escapa y dice basta. Se ve perdida por la sala de su casa,
sin luz ni danzas. Aventurando por senderos donde falta el
Sol al alba; y la hierba se rocía de escarcha de madrugadas.
De fuego azul, de metralla, de cenizas grises cárnicas; y
de olas de pentagramas, tristes y olvidados bajo faldas.
Al fin se lava la cara, retrocede, cuenta, avanza. Se atrasa
un rato en un puente y llega hasta Cuatro Estancias, a
Cementerio Mujeres, donde se entierran las ganas ávidas. El
lugar donde las pieles ornan sus viejos adagios bajo lapidas.
¡Descanse en paz si es que quiere, Señora Lágrima Amarga;
así reza el tronco de un árbol espinado como cactus de sabana!
Diseque el llanto en su vientre donde no puedan llorarlo,
dígase que el sueño es largo cuando la realidad se enciende
entre otros brazos. Seco el lagrimal, loca la lágrima ausente;
ojos cansados de verse, clamor y magia que enmudecen.
Lagrimas muertas rodando que secaron rio abajo. Y en
ceniza y fuego fatuo se quemaron desencantos, abril, agosto,
otoño y fango. Lagrimas muertas, arena y mármol. Cruenta
la espera y puente vedado; y fin del acto, reencarnándolo.
ceniza y fuego fatuo se quemaron desencantos, abril, agosto,
otoño y fango. Lagrimas muertas, arena y mármol. Cruenta
la espera y puente vedado; y fin del acto, reencarnándolo.
En el lagrimal mojado que he visto al terminar mi canto…
Picture by Ariel Arias.
Web du photografe: http://500px.com/ariasphotos
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