Sobre las alturas de Montmartre.
¿Qué es lo que hace un poeta con el tintero vacio,
si rotos sobre la mesa sus pedazos se hacen filos
que cortan cabezas huecas? ¿Qué es lo que hace
un poeta cuando su musa ha perdido y suspira
escalofríos y poemas mal descritos al dedillo?
¿Qué es lo que idea un poeta para no pecar de
maldito cuando ve sangre sobre el rio de sus libros,
para no creerse muerto cuando el verbo se le ha
ido del cerebro? ¿Cuándo maldecidos y pírricos sus
ojos pierden el brillo, con lagrimas de cocodrilo?
Porque su batalla ha perdido humillado como un
necio en el destierro de su laberinto de signos,
que aun no ha visto, aunque firme sin modelos los
estilos más oníricos. ¿Qué es lo que hace un poeta
cuando ve a Paris vacio y falta de lirismo rítmico?
¿Qué es lo que tienta un poeta sin aliento, cuando
vive sumergido en sacrificios helénicos? Pensando
a su rudo destino, a los desamores sin remedio y
a torpes corazones cruentos? A su suerte que ha
sufrido un rumbo tétrico; y a futuros prometidos…
¡Sin hacerlos ni vivirlos!
Esos que del pasado no han vuelto, despedido, sin
cariño y algo amnésico como las escaleras del olvido.
Como el entierro duradero de las alergias al miedo,
y la abstracción de los sentimientos obsoletos
corrompidos. O quizás no hayan querido decirlo,
si lo han visto, pues el orgullo no les da tiempo a
bregar por caminos limpios; florecidos sin señuelos.
Hablo de fuegos que queman la verdad del vivo
ejemplo; como el fin del acto, con malabares de circo.
¿Qué es lo que escribe un poeta, no arrepentido de
serlo? Y que en presente ha venido a ver aciertos, la
luz, la sombra y los espejos de desiertos polvorientos.
Ni luna, ni sol, ni puerto con veleros; solo tormentos.
¿Qué es lo que hace un poeta en el abismo de su ego?
Se va a Montmartre, a ver sus cielos oscurecidos
morir a tiempo completo, enfermo, mudo y
desecho como un madero ya viejo. Se va a pensar
a sus versos para inspirarse otros nuevos, se va a
Montmartre, lo he dicho, a descargar sus destellos.
Se va Montmartre, a sus alturas de cuentos; y allí
se queda rendido, entre sueño y otros juegos.
Se va Montmartre, a soñar con amores buenos, de
esos que le inspiran versos. Se va a Montmartre,
a olvidar su tiempo muerto, a dejar lagrimas y
cuero, corazón y sentimientos. Se va a cantar a su
destino, con los bardos que suben hasta el Olimpo.
¡Se va a Montmartre, a la alturas del pueblo, a
escribir un verso nuevo; a cielo abierto y lloviendo!
¡Se va a Montmartre: A procurarse un tintero nuevo!
si rotos sobre la mesa sus pedazos se hacen filos
que cortan cabezas huecas? ¿Qué es lo que hace
un poeta cuando su musa ha perdido y suspira
escalofríos y poemas mal descritos al dedillo?
¿Qué es lo que idea un poeta para no pecar de
maldito cuando ve sangre sobre el rio de sus libros,
para no creerse muerto cuando el verbo se le ha
ido del cerebro? ¿Cuándo maldecidos y pírricos sus
ojos pierden el brillo, con lagrimas de cocodrilo?
Porque su batalla ha perdido humillado como un
necio en el destierro de su laberinto de signos,
que aun no ha visto, aunque firme sin modelos los
estilos más oníricos. ¿Qué es lo que hace un poeta
cuando ve a Paris vacio y falta de lirismo rítmico?
¿Qué es lo que tienta un poeta sin aliento, cuando
vive sumergido en sacrificios helénicos? Pensando
a su rudo destino, a los desamores sin remedio y
a torpes corazones cruentos? A su suerte que ha
sufrido un rumbo tétrico; y a futuros prometidos…
¡Sin hacerlos ni vivirlos!
Esos que del pasado no han vuelto, despedido, sin
cariño y algo amnésico como las escaleras del olvido.
Como el entierro duradero de las alergias al miedo,
y la abstracción de los sentimientos obsoletos
corrompidos. O quizás no hayan querido decirlo,
si lo han visto, pues el orgullo no les da tiempo a
bregar por caminos limpios; florecidos sin señuelos.
Hablo de fuegos que queman la verdad del vivo
ejemplo; como el fin del acto, con malabares de circo.
¿Qué es lo que escribe un poeta, no arrepentido de
serlo? Y que en presente ha venido a ver aciertos, la
luz, la sombra y los espejos de desiertos polvorientos.
Ni luna, ni sol, ni puerto con veleros; solo tormentos.
¿Qué es lo que hace un poeta en el abismo de su ego?
Se va a Montmartre, a ver sus cielos oscurecidos
morir a tiempo completo, enfermo, mudo y
desecho como un madero ya viejo. Se va a pensar
a sus versos para inspirarse otros nuevos, se va a
Montmartre, lo he dicho, a descargar sus destellos.
Se va Montmartre, a sus alturas de cuentos; y allí
se queda rendido, entre sueño y otros juegos.
Se va Montmartre, a soñar con amores buenos, de
esos que le inspiran versos. Se va a Montmartre,
a olvidar su tiempo muerto, a dejar lagrimas y
cuero, corazón y sentimientos. Se va a cantar a su
destino, con los bardos que suben hasta el Olimpo.
¡Se va a Montmartre, a la alturas del pueblo, a
escribir un verso nuevo; a cielo abierto y lloviendo!
¡Se va a Montmartre: A procurarse un tintero nuevo!
Picture by Tony Cantero Suárez.

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