Susurro encendido.
Suelo, dos tragos, cabellos; y a cielo abierto su cuerpo…
Llueve a gotas vino tinto sobre las olas del puerto, dulce
susurra un bolero. Se estira en la madrugada oliendo a
barca, a golondrinas y pesquero. La veo parada de espalda
moderando a su modelo, sus piernas me hacen señuelos
y su cintura me rapta; haciéndome el amor en el agua.
Se ondula sola a la Aurora y se imagina en velero entre
las brumas de un soneto, navegando mar adentro a pecho
en peso, como sirena ninfómana desvivida toda oronda
por un desterrado marinero; por aventuras y cuentos,
con incienso y muchos besos por su cuello y por el resto.
Y veo su silueta esbelta dando caderas al viento sobre
la playa de una isla sembrada de cocoteros y con tesoros
romanescos. E inundada con dos besos me la llevo,
con un porro y unos versos que le he hecho; y con mis
dedos describiéndolo, el firmamento ve gélido…
Locos capricho frenético de tenernos con deseo, con
todos los que tenemos, con los que tiene y yo tengo. Por
la arena y bajo un árbol, con misterios; en la sala en la
cocina y en el techo. Inundada con dos besos me la
llevo, con un porro y unos versos que le he hecho.
Porque siente que al quererme el sol se enciende,
porque amamos lo soñado en el pasado. Porque todo
lo que rima suena a bardos, porque un nardo que he
tocado me ha cantado un buen presagio. Y nosotros
somos alba, velas barcos, manos llenas y milagros.
Luna imberbe y pies descalzos coitando, pluma
ardiente y serenatas que cantamos. Piernas vuelve
y al girar baja los brazos, toca piel y se deleita con
sus manos. Se acaricia y yo la envuelvo al entreacto,
suda, tiembla y el teatro se reanuda en cada parco.
Y volvemos al velero atado al muelle del puerto, a
la sirena que cuento y a su amante el marinero. A los
besos por el cuello y a sus cabellos que enredo, a sus
labios y a mis dedos por su cuerpo; por sus profundos
adentros polvorientos, por sus caderas y vellos…
E inundada con dos besos me la llevo, con un porro
y unos versos que le he hecho. Y encendida a cielo
abierto me la cuelgo, como medalla en el pecho; y
amor eterno a quien quiero. Y de espalda al alba
acaba y llena el puerto, como una Venus en celos.
¡Con sus gritos que despiertan todo aquello…!
Sobre olas y en velero acaba el cuento, encendida,
iluminado y los dos ebrios. Luna de tul, príncipe azul,
magia y deseos. Ronda de bleus, caderas luz, cantos
bohemios. Corona y cruz pues sin ella adjuro y dejo;
rito, clamor amor eterno y gritos ebrios reviviendo.
¡E Inundada con dos besos me la llevo, con un porro y
estos versos que le he hecho a cielo abierto reviviendo!
Llueve a gotas vino tinto sobre las olas del puerto, dulce
susurra un bolero. Se estira en la madrugada oliendo a
barca, a golondrinas y pesquero. La veo parada de espalda
moderando a su modelo, sus piernas me hacen señuelos
y su cintura me rapta; haciéndome el amor en el agua.
Se ondula sola a la Aurora y se imagina en velero entre
las brumas de un soneto, navegando mar adentro a pecho
en peso, como sirena ninfómana desvivida toda oronda
por un desterrado marinero; por aventuras y cuentos,
con incienso y muchos besos por su cuello y por el resto.
Y veo su silueta esbelta dando caderas al viento sobre
la playa de una isla sembrada de cocoteros y con tesoros
romanescos. E inundada con dos besos me la llevo,
con un porro y unos versos que le he hecho; y con mis
dedos describiéndolo, el firmamento ve gélido…
Locos capricho frenético de tenernos con deseo, con
todos los que tenemos, con los que tiene y yo tengo. Por
la arena y bajo un árbol, con misterios; en la sala en la
cocina y en el techo. Inundada con dos besos me la
llevo, con un porro y unos versos que le he hecho.
Porque siente que al quererme el sol se enciende,
porque amamos lo soñado en el pasado. Porque todo
lo que rima suena a bardos, porque un nardo que he
tocado me ha cantado un buen presagio. Y nosotros
somos alba, velas barcos, manos llenas y milagros.
Luna imberbe y pies descalzos coitando, pluma
ardiente y serenatas que cantamos. Piernas vuelve
y al girar baja los brazos, toca piel y se deleita con
sus manos. Se acaricia y yo la envuelvo al entreacto,
suda, tiembla y el teatro se reanuda en cada parco.
Y volvemos al velero atado al muelle del puerto, a
la sirena que cuento y a su amante el marinero. A los
besos por el cuello y a sus cabellos que enredo, a sus
labios y a mis dedos por su cuerpo; por sus profundos
adentros polvorientos, por sus caderas y vellos…
E inundada con dos besos me la llevo, con un porro
y unos versos que le he hecho. Y encendida a cielo
abierto me la cuelgo, como medalla en el pecho; y
amor eterno a quien quiero. Y de espalda al alba
acaba y llena el puerto, como una Venus en celos.
¡Con sus gritos que despiertan todo aquello…!
Sobre olas y en velero acaba el cuento, encendida,
iluminado y los dos ebrios. Luna de tul, príncipe azul,
magia y deseos. Ronda de bleus, caderas luz, cantos
bohemios. Corona y cruz pues sin ella adjuro y dejo;
rito, clamor amor eterno y gritos ebrios reviviendo.
¡E Inundada con dos besos me la llevo, con un porro y
estos versos que le he hecho a cielo abierto reviviendo!
Picture by LCM.

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