Doña Ninguna, Doña Nadie y Doña Nada.
Vino a libar al jardín donde me rocío al alba, vio
el monumento al jazmín y a su pulcra fragancia,
posó sus alas en él y languideció extraviada; y
luego voló hacia el adiós y no dijo palabra. Sola
a su mundo volvió, su torpe hembra que escapa.
Y ya ni sé si murió, pues no dijo palabras…
Yo sus pétalos abrí envueltos en miel de mañanas,
sangre endiablada en andanzas llenas de morbo
y mundanas. Y entre sabanas blancas y gracia me
enternecí entre sus alas, en su arcoíris de trampas y
de silencio que vaga, por una estampa en desgracia.
Porque oscureció mi abril y a mi marzo trajo ansias;
y el año entero en cascadas mi lagrimal hiso aguas.
Ella voló hacia el adiós sin decir que me olvidaba; y
me quedé aquí pensándola, vertido en ganas.
Doña Ninguna, Doña Nadie y Doña Nada; la pluma
larga, que vuela ingrávida. La prenda cara portada
en faldas elásticas; las tres en una, la piel les
falta. Doña Ninguna, Doña Nadie y Doña Nada;
dolor que mata mi alma, ya me olvidé de tu cara.
Parte confiada, no habrá más cartas al alba.
Doña Ninguna, Doña Nadie y Doña Nada; maja
desnuda, vestida clásica. La luz, la bruma y las
cigarras con las garganta anudadas, cantos de
cuna, nanas nostálgicas. Vuela mariposa cándida
sobre rosas deshojada; liba de amor temporadas.
¡Y vuelve a mi cuando caigas! Que alas de verde
esperanza te traerán a mi cama.
Doña Ninguna, Doña Nadie y Doña Nada; vino
a libar miel del alma a mi jardín de mañanas. Y
luego voló a la distancia y languideció extraviada;
y me olvidé de su cara, de su silueta volcánica y
de su belleza de hada mágica agraciada…
Doña Ninguna, Doña Nadie y Doña Nada; suelo
pensarte sin buscar por donde andas…
Se me ennegreció la estampa como en las cartas
quemadas. Le apagaste la llama a mi alma y me
dejaste en la distancia sin decir que me olvidabas,
tu voz me ocupa, tu piel me falta. Tus uñas largas
por mi espalda ya no rayan. ¡Ya no me encantas!
Doña Ninguna, Doña Nadie y Doña Nada.
Picture by Ariel Arias.
el monumento al jazmín y a su pulcra fragancia,
posó sus alas en él y languideció extraviada; y
luego voló hacia el adiós y no dijo palabra. Sola
a su mundo volvió, su torpe hembra que escapa.
Y ya ni sé si murió, pues no dijo palabras…
Yo sus pétalos abrí envueltos en miel de mañanas,
sangre endiablada en andanzas llenas de morbo
y mundanas. Y entre sabanas blancas y gracia me
enternecí entre sus alas, en su arcoíris de trampas y
de silencio que vaga, por una estampa en desgracia.
Porque oscureció mi abril y a mi marzo trajo ansias;
y el año entero en cascadas mi lagrimal hiso aguas.
Ella voló hacia el adiós sin decir que me olvidaba; y
me quedé aquí pensándola, vertido en ganas.
Doña Ninguna, Doña Nadie y Doña Nada; la pluma
larga, que vuela ingrávida. La prenda cara portada
en faldas elásticas; las tres en una, la piel les
falta. Doña Ninguna, Doña Nadie y Doña Nada;
dolor que mata mi alma, ya me olvidé de tu cara.
Parte confiada, no habrá más cartas al alba.
Doña Ninguna, Doña Nadie y Doña Nada; maja
desnuda, vestida clásica. La luz, la bruma y las
cigarras con las garganta anudadas, cantos de
cuna, nanas nostálgicas. Vuela mariposa cándida
sobre rosas deshojada; liba de amor temporadas.
¡Y vuelve a mi cuando caigas! Que alas de verde
esperanza te traerán a mi cama.
Doña Ninguna, Doña Nadie y Doña Nada; vino
a libar miel del alma a mi jardín de mañanas. Y
luego voló a la distancia y languideció extraviada;
y me olvidé de su cara, de su silueta volcánica y
de su belleza de hada mágica agraciada…
Doña Ninguna, Doña Nadie y Doña Nada; suelo
pensarte sin buscar por donde andas…
Se me ennegreció la estampa como en las cartas
quemadas. Le apagaste la llama a mi alma y me
dejaste en la distancia sin decir que me olvidabas,
tu voz me ocupa, tu piel me falta. Tus uñas largas
por mi espalda ya no rayan. ¡Ya no me encantas!
Doña Ninguna, Doña Nadie y Doña Nada.
Picture by Ariel Arias.
Web du photografe: http://500px.com/ariasphotos
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