El Salón del Olvido.



En el salón del olvido no venden postales, se dan las
cartas abiertas, vacías y sin letras; y un retrato sin
presencia corona con melancolía la escena, que llena
de espectros se aterra. Y negras las sombras viajeras
se esfuman bajo la niebla y las tormentas pasajeras.

Y como hierba seca se queman en la ausencia, por
una pradera árida donde se infertiliza con penas…

Y las nostalgias y el frio se apuran como lenguas
sedientas, a beber agua de ríos que secan con calma
y revueltas. Si el cielo es grande la ausencia es tétrica;
y las ojeras impacientes entierran al lagrimal entre
cejas y torpes narinas huecas, casi siempre gélidas.

En el salón del olvido el otoño se hace un libro que   
para leerlo hacen falta filtros oculares. Sus frases
saben a partes que enfrían almohadas con ritos, los
 versos no dicen nada ni aman a nadie en concreto; y
los besos pierden el aire sin oxigeno, frente al espejo.

Y las memorias pasadas se mueren de pena en
castigo; y los gemidos de otrora devienen llantos
sumisos. Y los pensares precisos se hunden en un
barco viejo que navega mar adentro a donde los
tiburones son fieros y los hipocampos traviesos.

Se juzgan lechos desechos; y se burlan de los
sentimientos buenos, con razón adoloridos…

Y un portón da al Bar del Piso:  

Un lugar negro infinito donde se resigna lo lindo
y lo feo se da título. Donde los tragos amargos
se beben en vasos vacios, donde hay alcohol y
delirios, mentiras, palos y tiros; y un abismo
lleno de vicios malignos y de sentidos perdidos.

Que hacen olvidar que un día existimos al unísono.

Como el mensaje que hay escrito sobre la puerta
trasera, un nunca vuelvas pues no hay sitios para
los corazones perdidos. Si de ti ya no se acuerda,
no la busques, que es ajena; y a esta hora anda
de juergas, con botellas y melenas polvorientas.

Si a ti el olvido te aqueja, cierra los ojos y sueña
con candor tu vida nueva. Mira hacia arriba y no
temas que si es verdad que hay estrellas, las
tuya bajarán frenéticas para darte amor a ciegas;
y dile adiós, que no vuelvan más las penas.

En el Salón del Olvido, la vida vuelve a ser bella.


Picture by Ariel Arias. 
Web du photografe: http://500px.com/ariasphotos

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