La muerte errática.

La barba blanca, las manos largas y la piel vieja arrugada.
La frente plana, la espalda alta y las piernas ya cansadas
de mañanas. Se mueve pero no habla pues su cerebro no
capta, su cuerpo tarda en llegar hasta el nirvana, hasta
ese lugar sin etapas donde vagan las almas osadas que
aunque mueren no descansan; adiós dolor y añoranzas.
¡Si la viva acaba por dar su blanca cara congelada…!
Atrás quedarán temporadas en la playa, odios, rencores
y andanzas. Los amigos, los amores, los defectos, las
virtudes y la gracia. Atrás quedará la vejes tan sedentaria,
y los tantos años pasados en piyama. Se cree, se huele
y se derrama en la paciencia de una lagrima llorada.
Ya hasta el diván color malva ha perdido su elegancia;
y el viejo piano de sala ya no da sus notas altas. Ya las
nostalgias se escapan pues se le va olvidando el alba;
y solo en un rincón de la cama él llama a la muerte al
pensarla. Y ella llegará, aunque la espera sea larga…
¡Y al saludar dirá basta, se acabó lo que se daba!
Picture by Ariel Arias.
Web du photografe: http://500px.com/ariasphotos
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