Frente a un paisaje nublado estoy pensando a mis años,
vagando por prados lejanos y escampando de chubascos
que el cuerpo me han refriado. Ando sin prisa dando
pasos que me lleven al pensarlos por donde mis pies
erraron. Miro al cielo y ojeo un diario, me digo el sueño
está echado; que venga la suerte a buscarlo caminando.
Imagino el verde claro y el rojo fuego de labios, me doy
me quito y me esparzo, pero no me parto ni me cambio.
Discrepo con literatos cuando estos juegan contrario,
si no los aplaudo a diario y respeto sus derechos y sus
gajes literarios egocéntricos, porque al final son
humanos y nada pierdo con eso. Pero detesto a los
parásitos iletrados que se las dan de ortográficos
perfectos; hablo del celo y del remedio a medio peso.
Y de esos que presumen del yo creo que le falta sangre al
nervio; y de maestros dotados, del firmamento del verso.
Miro hacia atrás, siento el viento. Cazo un susurro volando
atolondrado y me arropo el pensamiento, sigo al camino
rogando el ser sendero de mi tiempo vacilado. Y les repito
modesto, que detesto a todo necio rebuscado. Y que acojo
agradecido al peregrino que me aporte el buen consejo;
al que no juzgue con actos pendencieros reprimiendo.
Y como en un Oleo Poético cada pincelada es un verso
nuevo, entregado con recelo a quienes quieran leerlos;
se ve nublado el trayecto, se siente el agua a lo lejos,
grises nubes surcan cielos y un rudo trueno cae pérfido
en el suelo. Vaga ya helado el sol ciego, pues la luna lo
ha olvidado; y el se estremece eclipsado dormitando.
Y como en un oleo poético, a puro dedo y cerebro yo
reivindico mis derechos y mis criterios los defiendo, mis
virtudes, mis defectos y mis genios. Y cada pincelada es
un verso nuevo, sin rango, ni jerarquía, ni premios; sin
condiciones, ni precio. E imagino el verde claro y el rojo
fuego de labios; y me voy, regreso y apuesto al juego.
Pero no me parto ni me cambio, ni me apuro, ni me
atraso, ni le adelanto el ritmo a mis contratos. Yo vivo a
tiempo y espacio y voy preparando los cambios. Y pinto
besos robados, atrapados entre labios mágicos. Y luego
los doy dulces y cálidos, antes de que se acabe el párrafo;
seco entrelabios mojados, miro al rostro y vuelvo a darlos.
Y frente a un paisaje nublado relampagueo y me callo,
dejo el oleo terminado, muestro el futuro y sigo
andando. Y como en cuentos y cantos me inspiran
duendes y bardos, divas, ninfas y cruzados. Y como en
el amor y a ratos, se me ha perdido la musa en un
poemario; y hoy el cielo está nublado sin ser mayo.
Picture by Richard Topol.
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