La pobre muchacha del verso no hablaba,
perdida en montañas de nieve vagaba,
callaba en silencio sin ver que mi alma,
por ella lloraba rendida y errática…
Buscándola ando por parques y plazas,
rogando, rezando y pidiendo encontrarla.
La pobre muchacha tomó un tren al alba,
se fue de parranda al Casino de Francia,
se llevó maletas, tacones y bufandas; la
pobre mucha no dijo palabra…
Y se fue de parranda al Casino de Francia.
Se fue y se olvidó que una nota esperaba,
canté una canción contemplando su cara,
fumé un porro al sol, me quemé, di
palmadas; y sentí mis poros transpirarla.
E imaginé su sonrisa regalada a boca ancha,
su pelo suelto, sus piernas largas. Y el verde
intenso de su mirada romántica, regando
magia; mojando camas, tendida en sabanas.
Allá en el Casino de Francia, enseñoreada en
la playa, la vi en un juego; y a otro hombre
amaba. Qué pobre muchacha que creyó
que iba a extrañarla, perdió, no celo…
Pero mis versos no tendrá más en su
almohada; ni mis besos, ni mis ganas de
mimarla. Que lánguida tonada, la melodía
no he encontrado hoy sin su arpa…
La pobre muchacha del verso no hablaba,
se fue de parranda al Casino de Francia,
se fue sin quemarse en mi roca volcánica;
y aquí me quedé sin decir que inflamaba.
Qué torpe, muchacha. Que melodía tan
lánguida, qué tiempo sin gracia me regalas.
¡Solo me queda olvidar, que bien te vaya!
Picture by Ariel Arias.
perdida en montañas de nieve vagaba,
callaba en silencio sin ver que mi alma,
por ella lloraba rendida y errática…
Buscándola ando por parques y plazas,
rogando, rezando y pidiendo encontrarla.
La pobre muchacha tomó un tren al alba,
se fue de parranda al Casino de Francia,
se llevó maletas, tacones y bufandas; la
pobre mucha no dijo palabra…
Y se fue de parranda al Casino de Francia.
Se fue y se olvidó que una nota esperaba,
canté una canción contemplando su cara,
fumé un porro al sol, me quemé, di
palmadas; y sentí mis poros transpirarla.
E imaginé su sonrisa regalada a boca ancha,
su pelo suelto, sus piernas largas. Y el verde
intenso de su mirada romántica, regando
magia; mojando camas, tendida en sabanas.
Allá en el Casino de Francia, enseñoreada en
la playa, la vi en un juego; y a otro hombre
amaba. Qué pobre muchacha que creyó
que iba a extrañarla, perdió, no celo…
Pero mis versos no tendrá más en su
almohada; ni mis besos, ni mis ganas de
mimarla. Que lánguida tonada, la melodía
no he encontrado hoy sin su arpa…
La pobre muchacha del verso no hablaba,
se fue de parranda al Casino de Francia,
se fue sin quemarse en mi roca volcánica;
y aquí me quedé sin decir que inflamaba.
Qué torpe, muchacha. Que melodía tan
lánguida, qué tiempo sin gracia me regalas.
¡Solo me queda olvidar, que bien te vaya!
Picture by Ariel Arias.
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